1er Boletín Trimestral 2017 Fundación de Exalumnos Maristas

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Una educación con sello Marista.

NUESTRA EDITORIAL,
con la colaboración del Hno. Ernesto Sánchez Barba

Con gusto escribo unas líneas relacionadas con mi experiencia Marista.  Nací en la ciudad de Guadalajara, Jalisco y, desde muy temprana edad, gocé del privilegio de ser alumno Marista. Realicé la preprimaria y la primaria en el Cervantes Colonias, y luego proseguí mis estudios de secundaria y preparatoria en el Cervantes Costa Rica. Agradezco a mis padres, Carlos y Juanis, por el esfuerzo de habernos ofrecido la mejor educación, tanto en familia, como la recibida a través de los años cursados como estudiante en el colegio Marista.  Educación de la cual nos beneficiamos todos los hermanos y, mis hermanas, a partir del año en que se inició la coeducación en las obras Maristas. Y ¡vaya esfuerzo!, pues fuimos dieciséis hijos.
Un primer recuerdo que tengo de mi educación Marista, y que me ha marcado hasta hoy, es la cercanía y la presencia mostrada por parte de los educadores, tanto de parte de los Hermanos, como de muchos otros Profesores. Cercanía y presencia que se combinaba con la exigencia, pues no me olvido de aquellos que fueron muy exigentes, y que ciertamente hoy agradezco.  Además de la muy buena calidad educativa de la cual fui partícipe, puedo decir que lo que más permanece hoy en mí es la formación que recibí con relación a los valores humanos y cristianos. 
Como alumno, aprendí a trabajar en equipo, y fui aprendiendo a ser constante, persistente, responsable.  Además, algunas experiencias que tuvimos, como convivencias y retiros, me marcaron de manera particular.  Puedo decir que es cuando comencé a hacer experiencia de Dios, a sentirlo de manera más cercana y tal vez menos teórica. Todo esto se complementó con las experiencias de solidaridad que realizábamos los sábados por las tardes en el cerro del cuatro, uno de los barrios más pobres y marginales de la ciudad.  Ofrecíamos clases de catecismo a los niños, trabajábamos en colocar ladrillos para ayudar en la construcción de una escuela primaria en ese lugar… y, en medio de ello, la convivencia del grupo era muy agradable.  Fue durante esa etapa, siendo alumnos de preparatoria, que se forjaron amistades de las cuales algunas han perdurado hasta hoy, y se han fortalecido con el tiempo, como es el caso caso de Emilio Toussaint, a quien agradezco su amistad, cercanía y apoyo a lo largo de todos estos años.  
Fue en ese contexto de servicio solidario como me surgió la inquietud por la vocación de Hermano Marista.  Algunos Hermanos, entre ellos Juan Velasco, me brindaron una acertada orientación respecto a esa inquietud.  No sin obstáculos, propios de la edad de un joven, fui capaz de dar un sí y, años más tarde, me encontraba como Hermano Marista en los colegios, acompañando alumnos a hacer experiencia solidaria entre los pobres, trabajando por la formación de futuros Maristas… 
Hace 8 años, fui elegido para servir como Consejero general, con sede en Roma.  Como consejero general, además de participar en la coordinación del Instituto Marista dando apoyo al H. Superior general, he recibido la misión de visitar, acompañar y animar las Provincias Maristas presentes en veinte Africa y catorce en Europa.  Ha sido una experiencia de gran aprendizaje para mí.
En este año celebramos 200 años de la obra Marista, misma que fue iniciada por San Marcelino Champagnat el 2 de enero de 1817.  Es un año de júbilo y celebración para todo el Instituto Marista, extendido actualmente en 80 países de los cinco continentes. Cuenta con unos 500 colegios y 200 obras sociales, en las cuales nos trabajamos unos 3,050 Hermanos y 72,000 educadores Maristas.  Es notable que aun cuando el número de Hermanos ha disminuido en los últimos años con respecto al número que llegamos a ser en los años ‘70s, en ese mismo período de tiempo, la obra Marista ha crecido casi el triple con relación al número de alumnos y educadores.  De ahí que el Bicentenario lo estamos mirando más como una apertura al tercer Centenario Marista, en el cual queremos que se contagien del carisma de Champagnat cada vez más personas: alumnos, educadores, laicos comprometidos, padres de familia, exalumnos… y todos, junto con los Hermanos, sigamos respondiendo a las necesidades del mundo actual, particularmente de la juventud más necesitada.   
Creo que es de mucha importancia un organismo como la Fundación Marista cuyo objetivo es ofrecer apoyo económico para que más jóvenes tengan acceso a la educación Marista.  Aquellos de nosotros que nos hemos beneficiado del carisma y educación de Champagnat, podríamos decir que llevamos como un sello, del cual sentimos mucha alegría y que, a la vez, se convierte en un compromiso para compartirlo. 
Quisiera terminar estas líneas recordando que el nombre Maristas procede del nombre deMaría, la madre de Jesús, María de Guadalupe, María del sí… Mujer que inspiró desde su inicio a San Marcelino y que sigue inspirando y acompañando hoy la obra Marista en el mundo entero.  A Ella se la seguimos encomendando, al igual que a todas nuestras familias. Gracias.  

Hno. Ernesto Sánchez Barba fms

 

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